Cada mes nos sentamos con un grupo reducido de diseñadores y editores para decidir qué merece portada y qué queda fuera. Esta vez la conversación giró en torno a una pregunta incómoda: ¿estamos cubriendo demasiadas tendencias y muy poca ropa que realmente se pueda llevar?
La sesión empezó con un repaso a los lanzamientos previstos para las próximas semanas. Había más de cuarenta propuestas sobre la mesa, desde colaboraciones de sneakers hasta colecciones cápsula de estudios independientes. El problema no era la cantidad, sino la falta de un hilo conductor que ayudara al lector a decidir qué merece su atención.
Decidimos aplicar un filtro sencillo: cada pieza debía responder a una necesidad real de armario, no solo a una estética de pasarela. Ese criterio eliminó casi la mitad de las candidatas y dejó espacio para hablar de construcción, tejidos y durabilidad, que es lo que de verdad importa cuando compras con intención.
Una de las decisiones más difíciles fue descartar una colección de una marca emergente de Barcelona que había generado mucho ruido en redes. Las prendas eran visualmente potentes, pero los materiales no resistían un uso diario y el precio no se correspondía con la calidad. Preferimos esperar a que la marca ajuste su producción antes de darle visibilidad.
También retiramos un reportaje sobre una tendencia de color que llevaba meses circulando en TikTok. Tras contrastar con varias tiendas independientes, comprobamos que apenas tenía reflejo en las calles españolas. Preferimos dedicar esas páginas a un perfil de un taller de confección en Madrid que trabaja con excedentes textiles.
La primera es un análisis de la chaqueta de trabajo como prenda básica del streetwear actual, con ejemplos de cómo se ha reinterpretado en los últimos años. La segunda, una entrevista a una diseñadora de Valencia que construye sus colecciones a partir de ropa militar reciclada. Y la tercera, una guía práctica para identificar la calidad de un tejido antes de comprar.
Lo que tienen en común es que no dependen de una temporada concreta. Son piezas que seguirán teniendo sentido dentro de dos años, y eso es exactamente lo que buscamos cuando planificamos el contenido. La moda urbana no debería ser solo una carrera por lo nuevo, sino también un ejercicio de criterio.
Antes de cerrar la sesión, acordamos dedicar más espacio a las marcas locales que trabajan con producción limitada y a los procesos de fabricación. También decidimos incluir en cada número una sección donde un lector envíe su armario y un editor le ayude a identificar qué prendas merecen quedarse y cuáles pueden donarse o venderse.
La próxima reunión será en abril y el orden del día ya está definido: hablar de la temporada de entretiempo, de cómo combinar capas sin perder silueta y de qué marcas independientes merecen una primera reseña. Si tienes una sugerencia, puedes escribirnos a través de la página de contacto. Las mejores ideas de esta sesión salieron de conversaciones informales, y queremos mantener esa puerta abierta.